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Política y cultura Ismael Guimarais

¿Cómo se tumba una dictadura socialista en el siglo XXI?

El régimen cubano no es invencible. Puede caer y va a caer. Pero no depende tanto del número de gente que protesta.

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¿Cómo rayos se tumba una dictadura socialista en el siglo XXI? Esa es la pregunta.

El cubano no es que tenga miedo. El cubano lo que no es, es idiota. Si tú no ves una salida razonable a lo que te están llamando a hacer, pues tú no lo haces. Y es muy fácil para uno, fuera del país, decir: “Oye, tú, que estás adentro, tírate para la calle, a ver si tumbamos la dictadura”.

Entonces yo quiero que analicemos un poco esto, para que podamos llegar a una conclusión informada y para que sepamos, por lo menos desde mi punto de vista, cuál es la estrategia correcta para poder luchar contra este régimen, que nos ha esclavizado y nos ha chupado la vida por más de sesenta años. Y yo siempre te hablo con ejemplos históricos, para que sepas que no me lo estoy sacando de la nada. No es un pronóstico del zoroastrismo de Ismael. No es que sea profeta. Es que ya ha sucedido de una forma en algún lugar y de otra forma en otros.

Lo primero que tenemos que saber es que el régimen cubano no es invencible. Igual que la Unión Soviética, puede caer, y va a caer. Ahora, tú me preguntarás: ¿y por qué no cayó en el tiempo en que cayó la Unión Soviética? Es porque las condiciones eran otras. Y esas son las condiciones que, de alguna forma, también hay que crear.

No depende tanto del número de gente

No depende tanto del número de gente que protesta. Depende más de las condiciones de debilidad que se han creado alrededor de la dictadura y del proyecto político que se ha creado alrededor de la oposición. Porque si se hace antes de que estas condiciones estén dadas, sucede lo que sucedió en la plaza de Tiananmén, en China.

Multitudinarias las manifestaciones: universitarios, jóvenes, gente que realmente estaba buscando un cambio en China, una apertura. ¿Y qué pasó? Que lo que se hizo fue romper el espíritu chino de protesta. Se dieron cuenta de que al final eliminaron a todo el mundo. Y borrado de los libros de historia, de la Wikipedia y de las inteligencias artificiales de China. Y ya. Se fortaleció el régimen y se debilitó el espíritu de lucha del chino.

Y a la misma vez, lo que sucedió en Bielorrusia: cerca de un millón de personas salieron a la calle a protestar y no se logró nada.

¿Eso significa que las manifestaciones no funcionan? No. Eso significa que hay que construir primero ciertas circunstancias.

Omite las reglas

En estos momentos, lo que necesitamos primero es preparar las condiciones. ¿Cuáles son las condiciones? Son las que dice, por ejemplo, Anne Applebaum: nosotros necesitamos comenzar a corroer el régimen desde adentro. Es necesario debilitar las órdenes del régimen en la vida cotidiana de las personas.

Tú dirás que es fácil. No, no es fácil. Por ejemplo, en la Polonia comunista había que registrar las visitas extranjeras e informárselas a la policía. Y una de las cosas que empezó a hacer la oposición fue decir: “Yo no voy a informar a nadie. Se acabó. Porque esa es mi vida privada y no tengo que seguir órdenes que son dictatoriales, órdenes extremistas de parte de un régimen que cree que me va a controlar”. ¿Y sabes lo que sucedió? Que fue tan masiva esa resistencia que en un punto era imposible implementar esa política, porque no podías meter preso a todo el mundo por la omisión de una regla.

Entonces, en Cuba, en Venezuela, en Nicaragua, omite las reglas que forman parte de la filosofía socialista y comunista, de la filosofía de partido único. Omite aquellas reglas que te obligan a firmar o a hablar en algún momento, para ganar un escaño o para no meterte en problemas, en favor de una revolución socialista en la que tú no crees y que te ha desgraciado la vida, porque es criminal, porque es monopólica y concentra el poder, y porque es, al fin de cuentas, un Estado represor y una dictadura.

Es muy triste que el cubano, en este momento, piense que tiene que tocar cacerolazo escondido en su casa (está bien), pero que al otro día, cuando va al trabajo, se haga el revolucionario. Tiene el cuadro del comandante en su buró porque tiene que hacerlo, porque si no, se mete en problemas, y porque lo señalan.

Eso es todo lo contrario de lo que tiene que hacer. Si te da la gana, no hagas el cacerolazo, no salgas a la calle a perderte en la multitud y decir “quiero comida”. Eso no ayuda a nadie. Eso está incentivando a la dictadura a que reprima en concentraciones a todos esos valientes, y les impide hacer esto otro, que es comenzar a desobedecer al régimen en el día a día.

Si tú tienes que firmar en tu universidad que eres revolucionario, el concepto de Revolución, todas esas firmas que hacen de vez en cuando para poder atarte psicológicamente y para poder mostrarle al mundo entero que Cuba es socialista, tú te niegas a firmar y asumes las consecuencias. Ah, no, pero tú quieres un día salir a la calle y que pase lo que pase, y ya los otros días vivir escondido del régimen. El objetivo, en este caso, es lo contrario: lo que dice Havel, que te habla de vivir en la verdad.

El vecino también se va a plantar

El cubano tiene que empezar a decir la verdad: “Yo no soy revolucionario, porque yo creo en la libertad de pensamiento, porque yo creo en la dignidad del ser humano para pensar libre y para tomar decisiones con su proyecto de vida que no incluyan las restricciones de un gobierno que se mete incluso en lo que tienes que decir, en lo que tienes que pensar, a quién tienes que respetar y a quién tienes que agredir. Yo no voy a participar en una marcha contra el imperio norteamericano. Yo no lo creo. Yo creo que el principal enemigo mío, en estos momentos, son los castristas”. ¡Dilo!

Ah, ¿te metes en problemas? Sí, te metes en problemas, te vas a marcar. Pero te voy a decir algo: es más difícil meterte preso por eso, en una conversación casual, en un CDR, en tu universidad, que porque salgas para la calle con un cartel, porque te van a encerrar por cinco años. Y sabes que ya no vas a poder decir: “Yo no soy revolucionario, yo soy una persona que cree en la democracia y en la nueva Cuba”. Ya nadie te va a poder escuchar. A ellos les conviene eso.

Necesitamos comenzar a tener una resistencia que no nos coloque en posiciones donde sea fácil encerrarnos, pero que dé la oportunidad de decir: en Cuba hay muchos que no están de acuerdo con el socialismo, que quieren la libertad de Cuba y una democracia cubana. Entonces el vecino te va a ver y va a decir: “Caramba, él piensa como yo, y no le da miedo, y lo dice, y se planta”. El vecino también, en algún momento, se va a plantar, y así todo el mundo se va a empezar a plantar. Y eso corroe el régimen.

Pero eso es condición necesaria, no condición suficiente. Eso no tumba la dictadura. Eso es importante. ¿Y por qué? Erica Chenoweth, una de las que han estudiado las caídas de las dictaduras en los siglos XX y XXI, dice que las protestas de este tipo tienen más eficacia a largo plazo. Porque cuando tú concentras a toda la población en un solo grupo de valientes que se tiran a las calles, entonces tienes más probabilidades de encerrar y de penalizarlos a todos con algún argumento a tu favor mucho más fuerte. Pero si tú empiezas a encerrar a la gente únicamente por dar su opinión en el CDR, por dejar de ir a las manifestaciones que tú convocas, por manifestarse en redes sociales desde Cuba, ya vas perdiendo fuerza y credibilidad internacional.

Hay que aislar al régimen

Y perder el apoyo del pueblo no siempre significa perder el poder, por desgracia. Como dice Anne Applebaum en su libro Autocracia S.A., la mayoría de las dictaduras hoy en día se mantienen no porque el pueblo esté de acuerdo con ellas, sino porque el poder, las relaciones internacionales y el comercio se están haciendo entre diferentes autocracias del mundo, entre diferentes dictaduras. A veces tienen ideologías completamente distintas. Hay dictaduras islámicas que no tienen nada que ver con la oligarquía rusa. Sin embargo, la oligarquía rusa y esas dictaduras comercian, se ayudan los unos a los otros, se dan inteligencia, se dan recursos.

Venezuela, por ejemplo: el gobierno dictatorial chavista aplastó las protestas con tecnología china. China se la vendió y se la facilitó. Y las cámaras de vigilancia que China utiliza para vigilar a sus opositores también se las dio a Venezuela.

Como te dije en el anterior video, tú no te estás fajando únicamente contra la dictadura cubana. Te estás fajando contra todos los que la apoyan también: Pablo Iglesias, Irene Montero, Lula, China, todos los que de alguna manera sostienen al régimen.

Hay que aislar al régimen, porque si Bielorrusia logró aplastar las protestas multitudinarias, fue porque ellos no estaban aislados. Tenían una serie de empresarios y dictadores del mundo a los que les convenía que siguieran en el poder. Necesitamos que a esa gente le cueste mucho apoyar al gobierno cubano, que el coste político sea grande.

Eso nos lleva a otro paso: necesitamos organizar la oposición, que en este momento está disgregada. Somos, como me decía un amigo, una hidra de muchas cabezas.

El opositor que más mal te caiga

Más de ocho autores han estudiado cómo las dictaduras han caído desde 1900 hasta 2024, aproximadamente. Y todos han llegado a la misma conclusión: se necesita unidad en la oposición. Si nosotros mismos estamos peleados, no vamos a poder vencer a nuestros esclavistas, que son los castristas, el régimen. Y ellos lo saben. Ellos actúan con el objetivo de que nosotros estemos desunidos.

Yo me maravillaba de la cantidad de personas que decían en los comentarios: “Este es nieto de Fidel Castro”, porque no les gustaba la forma de pensar o las propuestas que yo estaba dando. Y es válido que no te guste, porque dentro de la oposición, dentro de los que queremos la democracia y la libertad de Cuba, va a haber decenas de propuestas, a veces contrarias las unas a las otras. Pero si nosotros no aprendemos que el propósito primero es la libertad de Cuba, que podemos tener incluso planes distintos de cómo se logra esa libertad, que algunos podemos estar equivocados, que podemos rectificar en un caso determinado, porque al final todos estamos buscando el mismo propósito, si no nos comportamos como un bloque unido, ya estamos perdiendo desde el principio.

Piensa en el opositor, en el luchador por la libertad de Cuba, que más mal te caiga. Yo voy a pensar ahora en el mío: ese es mi aliado, y yo tengo que convertirme en aliado de él, y él tiene que verme de esa manera. Y ya cuando Cuba sea libre, nos disputaremos. Ya habrá cubanos de izquierda que no querían una dictadura como la cubana, pero quieren un gobierno de izquierda, y habrá cubanos de derecha que queremos otro tipo de gobierno.

Tienes que ser capaz de diferenciar, de poner niveles, de decir: “Mi enemigo es la dictadura cubana, porque ella es la que ha demolido todo tipo de esperanza en Cuba”. Y a partir de ahí, yo puedo tener en este momento contradicciones con los que tengan el objetivo de la libertad de Cuba, pero esas contradicciones las vamos a dejar para después, porque la libertad de expresión se prueba con aquel que más detestas, no con aquel que más te gustaría que hablara.

Yo sé que muchos en los comentarios me van a decir: “Yo con zurdos no ando”. Yo tampoco, en el sentido de que yo preferiría que el gobierno de Cuba fuera un gobierno de derecha, que priorizara la meritocracia y el esfuerzo personal, que no obligara a una solidaridad ficticia e hipócrita que termine empobreciendo al pueblo. Yo lo entiendo. El problema es qué es lo que tú quieres: ¿una dictadura de derecha o una democracia? Necesitamos convivir. Y el zurdo dirá: “Yo no quiero saber nada de esos fascistoides”. Mi hermano, si no logramos unificarnos con el objetivo de tumbar la dictadura y lograr una democracia en Cuba, te aseguro que vamos a tener sesenta años más.

Y eso es lo que recomienda otro autor, George Ayittey. Dice claramente: necesitamos un consejo de ancianos. No porque sean ancianos en el sentido de que sean viejos. Necesitamos gente representativa de diferentes aspectos de la oposición que se una con el objetivo de movilizar a diferentes grupos con un único objetivo.

Una casa dividida contra sí misma

Entonces tú dirás: “Sí, pero hay gente infiltrada dentro de la oposición”. Y es verdad. Pero ¿tú sabes lo que hacían y lo que hacen los pastores protestantes en Cuba con los infiltrados? Empiezan el sermón así: “Yo sé que ustedes están aquí mandados por el gobierno, pero realmente es Dios el que los ha puesto en este lugar para que escuchen su evangelio, porque de otra manera no lo iban a escuchar. Y yo te insto a que te conviertas a Jesucristo, a que llegues a ser cristiano, porque al final ese va a ser el mejor cambio para tu vida”. Y ya: lo predicó y se acabó. Y no se anda pensando: “¿Será fulano del gobierno?”. Porque, para los que no lo saben y los que están en otros países, en Cuba realmente se ponen espías de la inteligencia cubana dentro de las iglesias, con tal de que vean lo que el pastor está predicando y lo que la comunidad religiosa piensa. Es una locura.

Pero el punto es que esa estrategia funciona mejor que estar señalándose los hermanos unos a otros porque no saben quién es. Entonces tú dices: “Sí, han infiltrado la oposición”. Está bien, pero mientras más tú actúes como si hubieran infiltrado la oposición, más daño le haces a la oposición, porque todo el mundo está sospechando de todo y sigue su propio camino sin unificarse.

Olvídate de quién es quién y piensa en el proyecto. ¿Este proyecto ataca a la dictadura o la beneficia? ¿Esta persona está buscando la desunión o tiene un proyecto? Y no toda persona que tiene un proyecto que te desagrada está beneficiando a la dictadura.

Tú puedes estar equivocado y puede ser que yo esté equivocado. El tema es que si no hay unidad, no hay cambio, no hay libertad. No hay manera, porque no hay coordinación y porque además nos desgastamos peleando los unos con los otros. O, como dijera el Señor Jesucristo, una casa dividida contra sí misma no puede prevalecer.

Cuando se negocia, se suele lograr

Si tú lo único que haces es amenazar a los que están sosteniendo el régimen en estos momentos, lo van a seguir sosteniendo. Porque eres muy guapo, eres muy tipo duro. En sesenta años no hemos logrado nada con ese estilo. Y, sin embargo, en Hungría se logró, y en otros lugares, en Polonia. Cuando se negocia, se suele lograr.

Bruce Bueno de Mesquita te explica que, a diferencia de la democracia, en la dictadura solamente tienes que complacer a un grupo de poderosos, que son los que te mantienen en el poder. Pero es un grupo reducido. No es como en las democracias, donde necesitas tener la opinión popular de tu parte.

Entonces, en la Unión Soviética, la gente que realmente soportaba el poder, los altos mandos, los que se habían hecho del dinero, la gente de influencia que mantenía a los que tú veías en el poder, a los políticos socialistas, se dieron cuenta de que necesitaban una apertura con el mundo democrático para poder comerciar mejor, y de que incluso una transición los podía beneficiar. Eso permitió que ellos mismos no resistieran a la oposición o dejaran de prestarle al régimen las ayudas que le prestaban.

Eso no sucedió en Cuba. No había esa tacita de oro que robar, como sucedía en la Unión Soviética.

Fíjate, para que tengas algún ejemplo: en Hungría, muchos de los socialistas terminaron siendo dueños de empresas. En Polonia, al principio, ellos creyeron que ese era el camino que se iba a seguir, y negociaron de alguna manera con la oposición una repartición de poder.

Pero para que Cuba tuviera al menos la apertura que tuvieron después Polonia y Hungría, y tuviéramos la comida que tiene un húngaro o un polaco, tendríamos que darles cierta garantía a quienes nos caen horrible y a quienes nos han hecho cosas terribles. Eso no significa perdonar a los torturadores ni a los que han eliminado personas en Cuba. Eso significa que a quienes han facilitado el régimen hay que darles ciertas garantías en algún momento, porque esas garantías permiten que cambien de bando o que sus intereses se muevan.

¿Eso lo digo yo? No. Eso lo dice Bruce Bueno de Mesquita. Es necesario lograr incentivar el cambio también en ese grupo que sostiene el poder desde la sombra.

Ahora tú me dirás: en Cuba, ¿quién es ese grupo que sostiene el poder desde la sombra? Son militares. “No, pero yo no puedo perdonar a los altos mandos militares”. Al menos tienes que dar la oportunidad de que los medios y los bajos mandos militares se cambien de bando en el momento en que sí haya protestas multitudinarias, porque las condiciones estén dadas y sean favorables para que eso se convoque, porque hay una oposición organizada.

Tienes que dar la oportunidad de que esos medios y esos altos mandos, y esas personas con dinero, que también tienen cuentas en otros países, en paraísos fiscales, se den cuenta, no de que van a quedarse con la Cuba democrática, porque tampoco queremos una Rusia de magnates oligarcas, pero al menos de que se les van a dar algunas garantías. Porque si no, ese núcleo duro nunca va a tener el incentivo de ponerse de tu parte y de tumbar a todo lo que es Díaz-Canel y Raúl Castro.

Crea nietos que se vuelven socialistas

No se da garantía a quien tortura. Pero tortura no es “me dio par de golpes, par de patadas en el piso”, y ya por eso tengo que darle paredón. No. Porque esa venganza y esa sangre, ¿saben lo que crea después? Crea nietos que se vuelven socialistas. Y no se vuelven socialistas porque creen en el socialismo. Se vuelven socialistas porque le disparaste a su abuelo, que te había dado par de patadas a ti en el piso, y eso se convierte en otra revolución que nos amenaza dentro de dos generaciones más. No seamos idiotas.

Necesitamos pensar con la cabeza y con sangre fría. En este caso, es muy difícil. Hay víctimas que sí necesitan retribución, una retribución justa y a la medida. La persona que sí tomó una decisión y te metió preso también tiene que cumplir y asumir su responsabilidad por haber encarcelado a una persona y haberle quitado años de vida simplemente por pensar diferente. Y esa persona es una parte del régimen.

Entonces tenemos que definir qué es lo que queremos. ¿Lo que queremos es seguir gritando, diciendo cuatro malas palabras, poniendo en redes sociales “abajo la dictadura, todos ustedes van a pagar”, y ya, por sesenta años más? ¿O queremos establecer ciertas estrategias que ya han funcionado y que pueden llevarnos a lo que queremos, a la libertad de Cuba? Tenemos que decidirnos.

No hay que negociar con todos. Hay muchos que tienen que asumir la responsabilidad de sus actos, pero hay que negociar con algunos, que nos tienen que ayudar para que esos otros la asuman.

Sería un error no salir a protestar

Hay momentos en los cuales sería un error no salir a protestar, porque la libertad está a tantito. Cuando tenemos una oposición organizada, una estructura internacional con alianzas bien definidas y un pueblo cubano que no solamente tiene el deseo de librarse del régimen, sino que también tiene una estructura de pensamiento y un relato que le permite entender su realidad desde el punto de vista de la libertad y de la democracia, y no lo que le han contado los castristas. Cuando tenemos condiciones en el país que aseguran que una victoria se convertiría después en un avance hacia la libertad y la democracia, y que una protesta y una victoria no terminarían colocando a otro caudillo en el poder. Cuando ya les cuesta mucho a los aliados del régimen apoyarlo, porque el coste político es muy grande. En esas condiciones, una protesta o una huelga general serían muy importantes, y no apoyarlas sería un error.

Tú me dirás: “Oye, Ismael, pero esos son demasiados pasos. ¿Cuánto tiempo se va a demorar esto?”. Lleva más de sesenta años, y si seguimos bobeando, vamos a llevar sesenta más. Esto no se hace de la noche a la mañana. Se necesita seguir una serie de pasos y construir una serie de cosas. Ojalá se pudiera construir en un año, pero quizás nos lleva seis, quizás diez, quizás siete. Yo no lo sé, pero si no empezamos desde ahora, no vamos a lograr ningún resultado.

Se necesita tomar ciertas estrategias: la oposición unificada, la gente en Cuba viviendo la verdad del día a día y demostrando que los socialistas son menos que los que queremos la libertad. Y después de que todas estas condiciones se den, cualquier tipo de organización de una protesta, de una huelga laboral o general, y otras cosas que no te puedo decir aquí, ahí sí van a ser efectivas. Pero si gastas tus balas antes de tiempo, no vas a lograr tu objetivo.

Di lo que eres y lo que no eres

Principalmente, necesitamos que desde Cuba los valientes, los que realmente van a tomar la iniciativa de formar parte de este movimiento, comiencen a vivir en la verdad. Es lo único que tienes que hacer. No se te está pidiendo que salgas a la calle a protestar. No se te va a pedir algo que la mayoría de los que están afuera no han hecho. Se te está pidiendo que, en vez de concentrarte en un lugar donde te pueden apresar y donde va a ser más fácil penalizarte, asumas el riesgo de decir la verdad y de empezar a vivir la verdad, como Havel. Y estúdiate el libro de Havel, si quieres: El poder de los sin poder. Búscalo, te lo recomiendo.

Como te dice Havel, simplemente di lo que eres y lo que no eres. Deja de apoyar al régimen en cualquier lugar donde estés. En el CDR, cuando te haga falta hablar, dilo: “No. Esto es una dictadura”. No vayas a los actos políticos, ni a los apoyos, y menos que menos a los actos de repudio a los opositores que se levantan y que intentan hacer un cambio en Cuba.

Nosotros los cubanos no somos tontos

Y nosotros, los que estamos afuera, tenemos que unificarnos. Yo entiendo que es difícil creer en una Cuba distinta a la que hemos vivido por más de sesenta años, y entiendo que ha habido miles de protestas, miles de opositores. Sin embargo, no te estoy pidiendo que creas en algo de la nada porque yo lo digo. Te estoy pidiendo que pienses en la historia, en la historia reciente del siglo XXI y en la del siglo XX. Las dictaduras no son eternas.

Y tú puedes vivir ese proceso de transición. Tú puedes disfrutar, o tus hijos pueden disfrutar, porque ves que ellos tienen un futuro en Cuba, una Cuba libre. No es cuestión únicamente de una fe ciega. Es cuestión de que sí se puede. Y el régimen nos ha hecho creer que no se puede, y nos ha llevado a un punto de desunión y de estrategias tontas que nos han hecho ver que así no se puede.

Pero si nosotros estudiamos la historia y vemos esto, hay maneras en que las dictaduras han caído. Y nosotros, los cubanos, no somos tontos. No somos menos. Los venezolanos tampoco son menos, ni los nicaragüenses. Los que somos presos de estas dictaduras socialistas podemos organizarnos y llegar a una estructura internacional que logre, mediante nuestra unidad, ejercer ciertas acciones que terminen tumbando a la dictadura y dándole a nuestra tierra el respiro necesario para producir jóvenes, personas que puedan tener sus proyectos de vida y aportar al mundo entero.

El video, en YouTube: ¿Cómo se tumba una dictadura socialista en el siglo XXI?

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Ismael Guimarais Escribo sobre fe, libertad y cultura, y grabo videos para YouTube. Sobre mí
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