¿Cuba es una dictadura? Dos artículos de su ley lo prueban
No es algo que uno dice por la pasión. Donde no hay cambio ni posibilidad de cambio, hay una dictadura, aunque haga elecciones.
¿Se puede decir, de forma pragmática, que Cuba es una dictadura? ¿O es algo que uno dice por la pasión, porque no le gusta el gobierno?
Cuba tiene dos artículos que la delatan. Mejor dicho, no Cuba, el gobierno cubano: dos artículos de su Código Penal que lo delatan como un gobierno dictatorial, autoritario, que se puede entender como una dictadura.
El primero es el 270, que dice que no puedes menospreciar a las instituciones, a los héroes ni a los mártires. Y entre esas instituciones están, por supuesto, la Asamblea del Poder Popular y la presidencia. El segundo es el 124, que castiga la propaganda contra el Estado socialista. No se quedan en el papel. Por esos dos artículos, entre otros cargos, la Fiscalía les pide 8 y 10 años de cárcel a Ernesto Ricardo Medina y a Kamil Zayas Pérez, los dos muchachos de El4tico que hacían videos en Holguín.
Esto ocurre en muchísimas dictaduras del mundo. En África, por ejemplo, muchas pusieron en su código penal ese mismo tipo de salvaguardia: no podías hablar en contra de las autoridades. Pero imagínate lo que pasa en Cuba. Tienes un país de partido único que defiende un sistema, y no puedes atacar el sistema. La propia Constitución de 2019 dice que el Partido Comunista es “único”, que el socialismo es “irrevocable” y que eso “en ningún caso” se puede reformar. ¿En qué termina eso? En que los que dirigen ese partido siempre van a estar en el poder.
Por eso lo que tenemos que hacer los cubanos es dejar de participar en los intentos del régimen de lavarse la cara delante del mundo, de hacerle creer al mundo que el cubano tiene algún tipo de participación en cómo se le gobierna. Para entender por qué, primero hay que saber qué es una dictadura.
Los tres poderes en un bolsillo
Una dictadura no es más que la concentración de todos los poderes. Lo que pasa es que la gente no sabe cuáles son esos poderes.
El primero es el poder de reprimir, el de hacer daño físico, que viene a ser el Poder Ejecutivo: la policía, los militares, todo lo relacionado con la represión. Ese poder tiene que existir en cualquier país. En Cuba lo tiene el chiringuito que gobierna, el partido rojo. ¿Cómo lo sabemos? Porque los militares, los policías, el general del ministerio y todos los que están debajo tienen que ser del partido rojo. Esa gente está afiliada obligatoriamente y tiene que seguir las órdenes que vengan del partido. Ahí ya tienes un poder.
Después está el Poder Judicial, el que decide quién es culpable y quién es inocente de acuerdo con las leyes. Si el juez del Tribunal Supremo, el fiscal y los demás tienen que estar obligados con el partido para poder estar ahí, también tienes el Poder Judicial en el bolsillo. En Cuba la Asamblea elige al Tribunal Supremo y al Fiscal General, y la Constitución deja a la Fiscalía “subordinada al Presidente de la República”.
Y está el Poder Legislativo, el que hace las leyes, como la de ese artículo que dice que no puedes ir en contra del Estado socialista. Si al que hace las leyes también lo tienes metido en el bolsillo de tu partido, ya tienes los tres poderes concentrados en ti. Y claramente eres una dictadura, porque concentras todo el poder.
La imposibilidad de cambio
Te lo pongo más fácil todavía. ¿Qué define una dictadura? La imposibilidad de cambio. Cuando tienes un sistema imposible de cambiar, eso es una dictadura.
Alguien te podrá argumentar que las democracias tampoco se pueden cambiar. Cuidado. En Estados Unidos están Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders, que se declaran socialistas, están en el Congreso y son un peligro para quienes no tienen esas ideas. De hecho, Trump, que es de derecha y quiere combatir esas ideas, dice que son un peligro. Ahí sí puedes cambiar. Hay democracias monárquicas que dejaron de serlo, como Barbados en 2021, y hay pueblos que decidieron seguir siendo monárquicos, como Australia en 1999. Hay una pelea que se puede dar por la vía legal para que la mayoría del pueblo termine decidiendo el destino que quiere para sí. A veces gobierna la izquierda, a veces la derecha, y a veces gente como Gabriel Boric, que gobernó Chile en alianza con el Partido Comunista y después le entregó el poder a José Antonio Kast, de derecha.
Eso es una democracia: un lugar donde ves cambio y donde los que gobiernan tienen miedo de perder el poder si el pueblo piensa distinto, así que tratan de ganárselo por todas las vías. ¿Es perfecta? No. Pero es mucho mejor que no poder decidir, y que los que gobiernan terminen siendo un feudalismo moderno, sin ninguna vía pacífica para quitarlos del poder.
Entonces, ¿Cuba es una dictadura? Evidentemente. Claramente. Y los cubanos de la élite política que conocen un poco del marxismo-leninismo, que Cuba declara como su sistema incambiable, no te lo van a negar: te dirán que es la dictadura del proletariado, porque así es como se define. Para los marxistas que recuerdan cómo funciona el socialismo, eso es algo bueno: instaurar el poder de una clase con el objetivo, dicen ellos, de eliminar con el tiempo las clases. El proletariado son los trabajadores, los que no tienen capital. ¿Y hay capitalistas, burgueses, en Cuba? No. Pero ese es el relato: una dictadura de los trabajadores sobre los burgueses, en la que los trabajadores le dan el poder al gobierno para que el burgués no lo tenga, y el gobierno les devuelve el poder según lo que los trabajadores digan y quieran.
La muy leal oposición
¿Y si una dictadura tiene varios partidos? En una dictadura pueden existir varios partidos, siempre que sean sinérgicos en sus ideales. Para que entiendas la diferencia entre una dictadura y una democracia, mira a Inglaterra. Allí al líder de la oposición, o a la oposición en general, se le llama “la muy leal oposición”. El opositor quiere tumbar al partido gobernante, está completamente en contra de su ideología y quiere hacer las cosas distinto. Y sin embargo se entiende que su existencia es tan importante para la democracia y para el poder del pueblo inglés que se procura que el partido gobernante se refiera a él como “muy leal”. No es leal al partido gobernante, es leal al pueblo. Por eso no lo pueden tratar de desleal solo por querer sacarlos del poder.
Esa es la diferencia. Una dictadura puede tener varios partidos, pero autorizados por ella, porque el que está en el poder es el que autoriza o no autoriza a un partido. Hay democracia cuando una ley dice: si cumples ciertos requisitos, que no controlo yo como gobierno, puedes formar un partido, participar en las elecciones, tratar de tumbarme y sacarme del poder. Cuando hay una vía legal y pacífica para cambiar por completo el curso del gobierno y a los que están en el poder. Cuando no somos continuidad, sino cambio, justo lo contrario de lo que dijo la campaña de Díaz-Canel cuando relevó a Raúl Castro: “Somos continuidad”. Donde no hay cambio ni posibilidad de cambio, hay una dictadura.
Todo es una simulación
¿Para qué hace elecciones una dictadura? Es una de las estrategias que ha usado el régimen comunista para lavarse la cara delante del mundo. Lo ha hecho muchas veces, porque hay presión, y también porque la gente desea participar. El problema no es cuánta gente vaya a votar. El problema es si tenía una opción distinta o no.
El objetivo del régimen es crear una ilusión de participación democrática, para poder decir: en Cuba se vota, en Cuba la gente participa en el gobierno y está contenta con eso, y ustedes no tienen que venir a meterse en lo que nosotros soberanamente hemos decidido.
Te explico. Hace años hubo una campaña de “vota por todos”, y fue muy cómico. Se estaban eligiendo posiciones importantes del gobierno, y el gobierno quiso que el pueblo participara en una simulación de votos democráticos, para que el mundo entero viera que sí le daba participación en cómo se le gobierna. La papeleta decía: “Vota por todos”. Esa opción existía porque el gobierno ya había decidido quiénes tenían que asumir el poder. Los ponen por lealtades, por quién le lame más las botas al otro, por lo que ellos consideren. Todos son puestos a dedo. Y muchos cubanos fueron y marcaron el voto por todos: ¿qué otra opción tengo? Esto no va a cambiar nada, pero voy y me hago partícipe. Y el gobierno pudo decir: aquí están mis votos y mi democracia.
No hay ningún tipo de democracia cuando no existen opciones distintas. Cuando todo es lo mismo, no hay democracia. Y lo que debimos haber hecho como cubanos, y lo que se debe hacer a partir de ahora, es no participar en ninguno de esos lavados de cara.
Yo te entiendo. Uno piensa que es mejor participar que no hacer nada. Que quizás está apoyando un pequeño cambio dentro del régimen: hoy es “vota por todos”, pero mañana será por Fulano o por Mengano, y a lo mejor Fulano tiene un programa distinto al de Mengano. Quizás dentro del socialismo y del partido único, pero ya sería algún tipo de libertad, algún respiro. Yo sé que piensas todo eso, y que por eso vas a votar. Otras veces vas para no marcarte, que es lo que pasa la mayoría de las veces. Y otras, por inercia: ese día estamos aburridos, hay apagón, y vamos a votar.
No. Te estás haciendo daño y le estás haciendo daño a Cuba. Solo hay que participar cuando existan elecciones libres de verdad, cuando cualquier persona, no los designados por ellos, pueda presentar una propuesta distinta por mecanismos legales que no tengan nada que ver con una ideología, con un partido ni con su autorización, y el pueblo pueda decidir. Ahí sí hay que votar. Pero cuando todo lo ponen a dedo, votar le da al mundo una idea de Cuba distinta de lo que es. Y eso es lo que ellos quieren. Todo es una simulación con el objetivo de presentarse democráticos ante el mundo, y no les podemos dar ese gusto.
¿Quién va a alimentar a mi familia?
¿Qué consecuencias tiene no ir a votar? En estos momentos, si es toda una cuadra la que deja de votar, ninguna. Si son dos o tres, a esa gente la van a marcar: estos no son revolucionarios. Pero eso es lo que hace falta. Hace falta que empecemos a decir lo que realmente somos y lo que realmente pensamos.
Alguien, con justa razón, me podría decir: mira, yo tengo familia. Si no voy, si no firmo, si me marcan, ¿quién va a alimentar a mi familia? ¿Tú?
Te entiendo perfectamente. Y es verdad, yo no les voy a dar comida. Pero el gobierno de Cuba tampoco. Tus nietos probablemente están pasando hambre, y los hijos de tus nietos van a vivir en una Cuba todavía más desastrosa, porque nos están quitando todo y no les importamos nada, porque al final no hacemos ni lo mínimo.
Es difícil pedirle sacrificio a alguien, pero algo de sacrificio hay que hacer. No te estoy diciendo que te tires a la calle en estos momentos, porque no va a valer la pena: no tenemos la unidad necesaria en la oposición para lograr un resultado favorable. En algún momento sí, ahora no. Pero tenemos que empezar a usar estrategias que sí han funcionado para tumbar otras dictaduras, y una de ellas es resistirse: que todo el mundo sepa lo que piensas de verdad. Dejar de vivir en la hipocresía. El cubano ha vivido demasiado tiempo en la mentira. Nos enseñaron a mentir para lograr posiciones de poder o para que no nos castiguen. Necesitamos empezar a decir lo que todo el mundo piensa: que esto es una dictadura, que necesitamos libertad, que queremos una Cuba del siglo XXI, que queremos democracia. Y una de las formas de vivir en la verdad es dejar de firmar.
¿Y mis hijos? Hay que buscar una forma de vivir lejos del Estado. ¿Qué son tus hijos? ¿Ingenieros, transportistas, médicos? No lo sé, pero hay que buscar una manera. Y si a tus hijos les quitan el trabajo, exponlo en las redes. Vamos a buscar que la oposición pueda apoyar de verdad, también con dinero, a la gente que en Cuba da ese paso de decir la verdad.
No te digo que sea rápido. La unidad es difícil, pero buscamos una unidad en la oposición que te permita decir: yo lo hice, aquí está demostrado, ahora estoy sufriendo las consecuencias. Y que entre todos te podamos ayudar, a ti y a tus nietos. Eso también nos pide un sacrificio a nosotros. Es el mínimo que debemos y podemos hacer ahora.
¿Hay consecuencias? Muchas veces sí, pero la mayoría de las veces no. No pueden meter presa a una cuadra entera por no firmar, porque se ve todavía peor y porque dependen de sus relaciones internacionales.
¿Te das cuenta cuánto poder tienes en tus manos?
Y esas relaciones internacionales tienen que ver con de dónde saca el dinero el gobierno cubano. Lo saca de dos lados. Primero, de controlar el país como le da la reverenda gana: extraer el níquel y otros minerales importantes, controlar el comercio marítimo y el turismo, exportar a los médicos, y que el sector privado prácticamente no tenga control sobre lo que importa y lo que da dinero. Solo los médicos en el exterior le dejan entre 6.000 y 8.000 millones de dólares al año, y el Estado se queda con el 85 % de lo que cobran.
Segundo, todo eso tiene que vendérselo a alguien: a Rusia, a Irán, a España, y te lo pongo en ese orden a propósito. Mientras más democrático sea el país al que le vende, y más dependa ese gobierno de sus ciudadanos para seguir en el poder, más necesita Cuba una cara bonita ante el mundo, y más justificado tiene que estar comerciar con ella. Si el gobierno cubano pierde esa cara bonita, España ya no va a querer relacionarse con él, porque entonces no va a poder comerciar con Estados Unidos, con Inglaterra, con Alemania ni con otros países democráticos. Así funciona.
Por eso es tan importante que no le permitamos más al gobierno cubano esa carita democrática y mentirosa, que se sostiene porque nosotros también decimos mentiras. ¿Te das cuenta de lo importante que es que no firmes? ¿Te das cuenta de cuánto poder tienes en tus manos?
La economía se basa en la confianza
Y una Cuba democrática le sirve a todo el mundo. Te explico por qué. La economía se basa en la confianza. Te lo pongo más sencillo: tú no haces negocios con alguien de quien desconfías. Entre cubanos, cuando estamos en un negocio, se dice: tranquilo, cubano es de confianza, yo soy un hombre de palabra. La confianza es la base de todos los negocios.
Las dictaduras no crean confianza, porque dependen del poder ilimitado de un grupo de personas, y cuando ese grupo cambia la regla, se jodió el emprendedor. En Cuba todo el tiempo se gobierna a base de decretos ley. Ahora prohibimos el dólar, mañana lo permitimos, pasado mañana abrimos las exportaciones. Ah, no, ahora las exportaciones no son para los nacionales, ahora tienen que pasar por una agencia que yo determine. Y esa agencia es corrupta, así que ya sabes que hay que dar más dinero.
Un gobierno que depende tanto del rey, o de los reyes, de las figuras de poder de arriba, es un gobierno inestable, y los inversores no quieren poner su dinero ahí, porque lo van a perder. Un gobierno que expropió empresas multimillonarias y no pagó las reparaciones, o las pagó como le dio la gana, espanta a cualquier inversor. Solo los estadounidenses tienen 5.913 reclamaciones certificadas por bienes que les expropiaron en 1959 y 1960, y Cuba nunca las pagó. Por eso las dictaduras suelen ser tan propensas a la bancarrota: es muy difícil que una persona, o un grupo con el poder absoluto, sea confiable a la hora de negociar. Se te pueden virar en cualquier momento.
Una democracia es más confiable porque no depende del ser humano, que es voluble, ni del poder de unos cuantos individuos. Depende de leyes que están ahí, puestas sobre pilares firmes, que no cambian porque son constitucionales, y que casi no se meten con la economía de las personas. Una dictadura, en cambio, es un grupo de personas que intenta apropiarse de todas las riquezas del país para beneficiarse. Por eso ponen leyes, crean enemigos y crean relatos históricos para que el pueblo aguante.
¿Por qué te digo todo esto? Porque una democracia hace una Cuba más próspera, y tus nietos, tus hijos y mis hijos podrían vivir en una Cuba mucho más próspera si fuera democrática. Cuando resistes, cuando vives en la verdad, con esa resistencia mínima de la que hablaba Václav Havel, el último presidente de Checoslovaquia y el primero de la República Checa libre, estás construyendo economía sin saberlo.
En una Cuba democrática podremos decir: tenemos esta reserva de agua con esta planicie que hoy está desaprovechada, y buscamos un inversor que ponga un negocio ahí para que los pueblos de alrededor mejoren su economía. Y lo primero que va a preguntar ese inversor es si cualquier contrato contigo, cualquier ley, está bajo estándares democráticos en los que pueda confiar, o si mañana viene un gobierno y se lo quita todo porque decidió que no es justo y que su dinero es de ellos. Mientras más estable y democrático sea el país con los años, mientras menos dependa de una persona y más de las leyes, más inversores atraemos y más dinero tenemos todos. Y el salario mínimo del cubano, que hoy son menos de 4 dólares al mes, empieza a crecer hacia, no sé, quinientos o mil dólares. Y empezamos a ser ciudadanos normales del siglo XXI.
”La deuda no la vamos a pagar”
Fidel Castro se hizo famoso por eso. En 1985, en La Habana, en una conferencia sobre la deuda externa, dijo, muy gracioso él, que la deuda no la iban a pagar, y empezó a buscarle sinónimos. Cumplir, no queremos. Derogar, sí queremos. Anular, sí queremos. Abolir, sí queremos. Y si ninguno les gusta, dijo, hay otra frase muy clara e inteligible: no pagar. Todo el mundo le rió la gracia. Pero esa forma la ve un inversor y dice: caramba, tú eres un descarado, un sinvergüenza, yo no voy a invertir en tu país. Cuba dejó de pagar su deuda al año siguiente, y otra vez desde 2019.
Tanta fama se hizo Fidel que en un capítulo de Los Simpsons, una de las series más importantes de la cultura pop, aparece Fidel Castro con un capitalista, uno de esos con los que la serie critica el deseo por el dinero. Fíjate cómo es la cosa. El capitalista le muestra un billete. Fidel le dice: permíteme verlo. El capitalista le pregunta si se lo va a devolver. Sí, sí, permíteme verlo. Fidel lo mira, se lo mete en el bolsillo, y cuando el capitalista le pide su billete, él contesta: ¿qué billete? Fíjate la fama que se hizo Fidel, y la falta de confianza que podía tener cualquier inversor en Cuba y en su gobierno.
La papa podrida
Eso no quiere decir que lo único que daña la economía cubana sea la dictadura, con su incapacidad de atraer inversión extranjera. Es cierto que el embargo, por un lado, limita a inversores que podrían arriesgarse. No limitó a China, ni a Irán, ni a España, que llegó a tener una pila de hoteles allá. Pero a otros sí los limitó. Eso es cierto.
Pero también es cierto que adentro el campesino, el agricultor, tiene que venderle todo al Estado. Y lo que le llega al cubano es lo que no se pudo exportar. Es la miseria: la papa podrida, la chiquitica, el limón que casi no sabe a nada. Lo que no se van a comer en el extranjero es lo que le llega al cubano. Y todo lo que entra se lo quedan en paraísos fiscales los Castro, los hijos de los Castro y los hijos de los generales, que encima se autojustifican: ese dinero mi papá lo tiene ahí porque hace falta para cualquier cosa, para inyectarlo o para comprar armas, por si nos invaden.
Al final el pueblo se queda sin comida, y eso no tiene nada que ver con las inversiones extranjeras. Tiene que ver con que al cubano no se le permite hacer lo que le dé la gana con su dinero y con su propiedad.
Eso es lo lindo del capitalismo
La propiedad privada sobre los medios de producción es la capacidad de decir: esto es mío, lo voy a expandir, lo voy a hacer crecer, voy a contratar gente para que lo trabaje, y si tomo las decisiones correctas y me esfuerzo mucho, llegará un momento en que lo mío se multiplique y tenga mucho dinero. Eso está en contra del socialismo. Pero eso es también lo que hace un mercado interno próspero.
Porque el que dice “esto es mío y lo voy a hacer más grande” va a contratar personas. Estas no me sirven porque no trabajan bien, voy a contratar a otras. Tampoco me sirven. Caramba, quizás es que no estoy pagando lo suficiente. Te lo digo porque lo he vivido: tengo mucha relación con mi jefe y con el lugar donde trabajo, y oigo a cada rato esas conversaciones. Hay que pagar más, porque si no, el personal que reclutamos no es el que le podemos ofrecer al cliente. Nadie quiere pagar más a los trabajadores. Pero terminas pagándolo, porque si no das un buen servicio, los clientes dejan de contratarte.
Y mira lo que acaba de pasar: acabas de generar empleo, y no tuviste que hacerlo por ser una buena persona. Eso es lo lindo del mercado, lo lindo del capitalismo: te conviertes en un servidor público, porque no le puedes quitar el dinero a la gente por la fuerza. ¿Qué te queda? Convencerla.
Me dirás que con el mercado se engaña mucho a la gente. Pero no puedes quitarle a la gente la necesidad de decidir por sí misma, de equivocarse o de tomar buenas decisiones. Eso el régimen cubano no lo permite. Y cada vez que lo permite, es con pinzas.
Una fina línea
¿Por qué crees que ahora están abriendo la economía, que permiten cosas que antes no permitían, como bancos privados u otros negocios? No es porque crean en eso ni porque les haga bien. Toda la vida le han tenido miedo a que el cubano se empodere económicamente, porque saben que la economía te da poder para tomar después decisiones políticas.
Lo hacen porque tienen que lavarse la cara delante del mundo, y probablemente porque están buscando algún tipo de negociación con Estados Unidos. Le están diciendo: mira, aquí empezamos a poner mecanismos legales semidemocráticos, vamos a hacerlo de la mejor manera, sin que yo pierda el poder y para que tú puedas hacer negocios acá. Están como invitándolo, echándose perfume, poniéndose ropa linda, contoneándose para que Estados Unidos los mire y diga: caramba, capaz que no te corto la cabeza, que lo que hago es negociar contigo, porque me vale más negociar con una dictadura que puedo controlar que con una democracia en la que no sé con quién voy a terminar teniendo que entrar en razones. Fíjate por dónde van los tiros.
Ellos mismos saben lo que necesitan y el fino equilibrio que tienen que mantener como dictadores, entre ser confiables para el mundo y mantener un poder rígido contra su propio pueblo. En esa fina línea tenemos que jugar también nosotros, la oposición, los que buscamos una nueva Cuba, para mantenerlos constantemente en jaque. Cada vez que se abran un poco en la economía, tenemos que mostrarle al mundo todas las otras leyes dictatoriales, los presos políticos, todo lo que está pasando. Tenemos que no firmar y no participar, para contrarrestar ese lavado de cara. Y cada vez que refuercen el poder dictatorial y amarren por otro lado, la oposición tiene que darle al cubano que está en Cuba oportunidades a través de internet: ofrecerle trabajo y vías para que gane dinero sin depender de los sistemas del régimen. Todavía no lo hemos logrado. Pero así, cada vez más, los vamos a ir acorralando.
Yo también, yo también, yo también
¿Y si en tu trabajo todo el mundo va al Primero de Mayo? ¿Cuál puede ser el temor? Que seas el único, la única cabecita de playa, el único palo que no hace monte, como decimos allá. Que te marques y digas: caramba, hice esto, y al final todo el mundo fue a la marcha, todo el mundo participó, y yo no. Eso es un riesgo, y puede pasar en muchos lugares.
Pero estoy llamando primero a los valientes a hacer algo que yo también hice. Yo fui a la marcha del 15N, la Marcha Cívica por el Cambio de 2021, cuando nos convocaron. Me marqué, lo hice público, no me escondí. ¿Y por qué llamo primero a esos? Porque sé que después viene una reacción en cadena.
Mucha gente dice que eso ya se hace en Cuba, que la gente ya dejó de creer. No, mi hermano. La gente dejó de creer, pero en el momento de la verdad se presenta por miedo. Por eso ves que hay marchas, que hay firmas, que hay todo esto. Tú y yo, los que no lo hacíamos, somos una minoría. La mayoría no cree en la dictadura, está cansada y se defeca en la revolución cada vez que puede, en privado, con su gente. Pero a la hora de un acto oficial, participa.
¿Por qué te digo que va a haber una reacción en cadena positiva, y que llegará un momento en que no serás el único? Porque ya pasó. No te hablo de un pronóstico, de algo que pudiera pasar. Me apoyo en el pasado. En Polonia, en Hungría y en Checoslovaquia la gente empezó a tomar estas decisiones, y otros empezaron a decir: yo también soy de esa gente. Yo también, yo también. Se fueron sumando, y llegó un punto en que eran más los que se sumaban que los que no. Y ya tenían poder. En Checoslovaquia, el 27 de noviembre de 1989, el 75 % del país se sumó a la huelga general.
La oposición necesita el apoyo del cubano y necesita su verdad: que el cubano diga la verdad. Y nosotros, por supuesto, necesitamos unirnos para apoyarlo, para apoyar al que está adentro. Tiene que ser de las dos partes, o no lo logramos. Los polacos se arriesgaron, los checos se arriesgaron, y tampoco es que hubo un baño de sangre, por lo menos no en esos casos, porque se hizo inteligentemente. En Tiananmen sí lo hubo, porque no se hizo con inteligencia: el régimen se asustó cuando millones de universitarios y de gente salieron a las calles a protestar, la oposición todavía no estaba preparada para eso, y los aplastaron por completo. Yo no te estoy diciendo eso. Te estoy diciendo que hagamos lo que se hizo en esos otros lugares del campo socialista, y que al final funcionó. Ya se logró una vez. ¿Por qué no podemos nosotros hacer lo mismo?
El video, en YouTube: ¿Cuba es una DICTADURA? Dos artículos de su ley lo prueban